En una casita del Caribe vivía una cucarachita llamada Martina. Cada mañana barría el suelo y cuidaba las flores de su balcón.
Un día encontró una moneda frente a la puerta.
—¿Qué puedo comprar? —se preguntó.
En una tienda vio un lazo amarillo. Lo compró, se lo puso en la cabeza y volvió a casa. Después se sentó entre las flores del balcón.
Un gato pasó por la calle y miró hacia arriba.
—Martina, estás muy bonita. ¿Quieres casarte conmigo?
—Antes quiero saber una cosa —respondió ella—. ¿Qué haces por la noche?
—Canto así: ¡miau, miau!
El gato gritó con tanta fuerza que una flor cayó de la mesa.
—Tu voz es demasiado fuerte para esta casa —dijo Martina.
Luego llegó un perro. También quería casarse con ella. Cuando Martina hizo la misma pregunta, el perro dio tres ladridos. Las ventanas temblaron.
—Tampoco puedo dormir con ese ruido —respondió Martina.
A la mañana siguiente apareció un gallo.
—Yo canto cuando sale el sol —explicó.
El gallo cantó junto al balcón. Martina se tapó los oídos.
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—Tu canción es bonita, pero empieza demasiado temprano.
Esa tarde llegó un ratón pequeño llamado Pérez. No llevaba ropa elegante. Solo traía una flor blanca.
—¿Y tú qué haces por la noche? —preguntó Martina.
—Hablo en voz baja y cuento historias —dijo Pérez—. Pero primero escucho a la otra persona.
Martina lo invitó a subir. Hablaron de sus casas, de la comida y de las flores. Pérez hacía preguntas y esperaba las respuestas.
De pronto, el cielo se puso oscuro. Un viento fuerte movió las macetas del balcón. Martina intentó sujetar una grande, pero otra cayó al suelo y se rompió.
El gato, el perro y el gallo corrieron para escapar de la lluvia. Pérez se quedó. Llevó las otras macetas dentro de la casa y ayudó a recoger la tierra. Después puso la planta caída en un cuenco.
—Mañana podemos buscar otra maceta —dijo.
Martina miró su lazo mojado y comenzó a reír. Pérez también rio. Prepararon una bebida caliente y esperaron juntos hasta que terminó la lluvia.
Al día siguiente fueron al mercado. Eligieron una maceta nueva y la llevaron entre los dos. En el camino, Pérez saludó a cada vecino y ayudó a una tortuga anciana con una bolsa.
Martina ya tenía una respuesta.
—Pérez, quiero casarme contigo. Hablas con calma, pero eso no es lo más importante. También sabes escuchar y ayudar.
Celebraron la boda en el patio. El gato tocó música, el perro llevó las mesas y el gallo cantó cuando todos ya estaban despiertos. Esta vez, sus voces llenaron la casa de alegría.
Comprehension Quiz
?Qu? compra Martina con la moneda?
?Por qu? elige Martina a P?rez?
?Qu? hace P?rez durante la tormenta?
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